Volver a agregarle valor a la soja

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Volver a agregarle valor a la soja

A partir del acuerdo alcanzado con los bonistas, el Gobierno deberá enfrentar una serie de desafíos, que empiezan por el ordenamiento de las variables económicas en su conjunto, pero hay uno que es la llave del éxito de cualquier plan económico por venir, el ministro Guzmán deberá generar la confianza suficiente para que todos los agentes comerciales comiencen a hacer mover a la economía.

Y en el específico caso del sector agroindustrial que nos ocupa, el primer eslabón de la cadena es el productor. En estos momentos los productores tienen en su poder pendiente de vender soja física y a fijar por un total de 28 millones de toneladas, equivalente a casi 10.000 millones de dólares.

¿Qué debería pasar para que el productor decida vender su cosecha en lugar de retener? Detallamos algunos de estos factores. En primer lugar, el tipo de cambio oficial debería tener un valor más atractivo, para que la brecha con el «blue» y con el «contado con liqui» se reduzca. Este es el primer indicador que puede llegar a generar más confianza en el peso.

Sin embargo, una devaluación podrá generar más pesos para los productores, pero no soluciona el problema de fondo, la falta de competitividad que tiene hoy el sector agroindustrial aceitero. Y esa falta de competitividad comenzó con la medida tomada por el gobierno de Mauricio Macri, cuando, por recomendación de su Ministro de Agricultura, decidió eliminar el diferencial de aranceles entre el poroto de soja y sus subproductos, aceite y harina. Hoy la presión impositiva real es mayor para quien exporta harina y aceite de soja, frente quien exporta directamente soja sin procesar, un éxito de la política exportadora «anti-valor agregado» y una pieza de colección académica para ser estudiada en todas la universidades del mundo.

Esta menor competitividad del sector aceitero es la que produjo, en la actual campaña, un fuerte incremento en las exportaciones de poroto de soja y la consecuente baja en las exportaciones de harina de soja, donde la Argentina es el primer exportador mundial.

Lo que consideraron en su momento un triunfo para el sector productor terminó siendo un salvavidas de plomo para los mismos productores, pues el precio de paridad de compra de la industria aceitera está US$10 por tonelada por debajo del valor que pueden pagar los exportadores de poroto de soja sin valor agregado (volvemos al concepto de primarización de las exportaciones), perjudicando en definitiva los márgenes de ganancia de los productores, además del fuerte impacto en la caída de la competitividad de todo el sector aceitero.

Si el Gobierno optara por no devaluar, el ministro de Economía tendría un as en la manga, que tal vez la negociación de la deuda no le ha permitido percibir. Así, si el Gobierno decidiera volver a instalar el diferencial arancelario, por ejemplo con retenciones para la harina y para el aceite de soja en el 30% y para el poroto en el 33%, lo que estaría provocando para el sector productor sería una devaluación encubierta, sin impacto directo en precios.

Para la industria también sería una medida muy acertada, le volvería a permitir ser mucho más competitiva en el mercado internacional contra pesos pesados como Brasil y Estados Unidos, con políticas de apoyo explicito e implícito a la generación de valor agregado.

Y por último, y tal vez lo más importante para el Gobierno, el productor podrá recibir un mayor precio por su soja traccionando a toda la cadena, impulsando a los aceiteros a procesar más soja y a aumentar sus exportaciones de harina y de aceite de soja, generando un mayor ingreso de divisa en un momento muy crítico. Y esto se convertiría en una acción pública/privada de éxito y un círculo virtuoso, ayudando al país a salir de una de las peores crisis económica de toda su historia.

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